Afrontemos la realidad. Nueve de cada diez nuevas empresas no superan los tres años de vida y más de la mitad, fracasan antes del año
Esto sucede en España y sucede también en Estados Unidos, un país en el que no se demoniza el fracaso, sino que se valora el esfuerzo realizado; un país en el que los empresarios que se ven obligados a cerrar no son vistos como parias sociales, sino como personas que se han atrevido a arriesgarse.
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