Cuando arriesgas puedes hacer el ridículo. Y eso está bien. ¡Claro que sí!
Me encontraba el pasado jueves con un director de marketing de una importante empresa del sector turístico. Me comentó que estaba un poco tenso porque al día siguiente tenía una importante presentación en una feria del sector delante de unas 800 personas y no quería hacer el ridículo. Le transmití mis ánimos y en mis adentros pensé que no había para tanto.